Canon EOS 5D Mark II y 7D - Prueba de sellado y resistencia a las bajas temperaturas

Como ya os comenté, mi equipaje fotográfico durante el último viaje que hice a Japón estuvo integrado por dos cámaras, mi Canon EOS 5D Mark II y una EOS 7D que tuvo a bien facilitarme Canon España. De la 5D poco puedo deciros ya a estas alturas; es una cámara que me tiene encantado, no me ha dado ni un solo problema hasta la fecha (hace nada cumplió un añito en mi poder) y no tengo más que buenas palabras hacia ella. En cuanto a la 7D, bueno, algunos me preguntasteis acerca de si tenía sentido cargar con el peso extra que supone un segundo cuerpo, en especial tratándose de uno con un sensor más pequeño y con menos megapíxeles que el de la 5DMk2.

¿Mi respuesta? Depende. Es evidente que el peso es un factor a tener en cuenta, pero la comodidad y velocidad de trabajar sin cambiar de objetivo no debe tomarse a la ligera. Además, tras algo más de un mes con ella, he de decir que la 7D es una cámara que complementa muy bien a la 5D. Sería un error pensar que una está claramente por encima de la otra, y es que como ocurre con la 1D y la 1Ds, en realidad se trata más de un cuestión que depende de las necesidades de cada fotógrafo.

La 5D es una cámara que ofrece una calidad excepcional, sin duda mayor que la de la 7D, incluyendo el rango tonal, la nitidez (especialmente en los contornos) y el ruido. Sin embargo, la velocidad de ráfaga de esta última (8 fps dan para mucho), su sistema de enfoque (utilísimo eso de seleccionar los puntos por grupos), el visor óptico con un 100% de cobertura (¡y completamente configurable!) y toda la colección de extras que incluye como el nivel electrónico o el sistema de control de flashes Speedlite, la convierten en una cámara con la que da gusto trabajar. Además, el cuerpo transmite muy buenas sensaciones al sostenerla en la mano, y aunque al principio cuesta hacerse con la nueva distribución de botones, al final terminas echándola de menos cuando vuelves a sostener la 5D.

Durante todo el viaje la 7D siempre fue acompañada del Canon EF 70-200mm f/2.8 L IS USM mientras que por la 5D el Canon EF 24-70mm f/2.8 L USM cedía su lugar ocasionalmente al Sigma 12-24 mm f4.5-5.6 DG EX HSM cuando las condiciones de luz eran favorables y la escena lo pedía. La idea era evidente: sacar el máximo provecho al sensor de formato completo de la 5D mientras aprovechaba a mi favor el factor de recorte (que no de multiplicación) del sensor APS-C de la 7D, convirtiendo esos 200mm en unos interesantes 320mm, al menos en lo que a ángulo de visión se refiere.

Canon EOS 5D Mark II vs Canon EOS 7D - Factor de ampliación

Canon EOS 5D Mark II vs Canon EOS 7D - Factor de ampliación

Como podéis ver en las imágenes de prueba, aun utilizando la misma focal y pese a la diferencia de megapíxeles (21.1 contra 18), las imágenes de la 7D nos acercan un 50% más al motivo que las de la 5DMk2. En cuanto a la calidad, como decía al principio el sensor de la 5D es capaz de resolver un mayor rango tonal gracias a sus fotocaptores de mayor tamaño (6.4µm frente a los 4.3µm de la 7D), lo que se traduce en una mayor nitidez en los contornos. A causa de esto, incluso ampliando digitalmente la fotografía de la 5D para igualar a la de la 7D, los contornos de la primera siguen estando mejor definidos que los de la segunda, aunque no ocurra lo mismo con el detalle, que sí que se resiente más durante el proceso y que al final es lo que me hizo decantarme por este método de trabajo con dos cámaras.

En definitiva, y por resumir un poco todo esto, considero que al final sale más a cuenta aplicar una pequeña máscara de enfoque a las imágenes de la 7D para igualar (si es que así lo queremos) la nitidez de los contornos de la 5D sin renunciar al nivel de detalle que ofrece la ampliación, recorte o como queramos llamarlo del sensor APS-C de la 7D.

Canon EOS 5D Mark II y 7D - Prueba de sellado y resistencia a las bajas temperaturas

Una cosa más. Al margen de la calidad de imagen de ambas cámaras, de las ventajas de cada tipo de sensor y de todo lo demás, hay una cuestión en la que definitivamente los dos modelos obtuvieron el sobresaliente: la resistencia. Ni la primera imagen con las dos cámaras empapadas en agua ni la segunda en la que aparezco envuelto en lo que finalmente se convirtió en una tormenta de nieve hacen justicia a las condiciones meteorológicas con las que me encontré y para las que las cámaras demostraron estar mucho mejor preparadas que yo. Es una sensación curiosa fotografiar en mitad de una ventisca helada viendo como la nieve se acumula sobre el objetivo y el cuerpo de la cámara mientras una molesta escarcha empieza a formarse en la pantalla. Como decía, ambas cámaras funcionaron en todo momento sin la menor incidencia, algo que también he de agradecer a las tarjetas de memoria de SanDisk, mi antigua Extreme III de 16GB y la nueva Extreme Pro de 64GB y 90MB/s, un auténtico cañón de velocidad que ni se enteró del tiempo que hacía fuera.

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