Leo en Foto Microsiervos la noticia de que Olympus ha decidido plantarse en los 12 megapíxeles y abandonar la ridícula carrera que ha mantenido junto al resto de la industria por fabricar sensores de cada vez mayor resolución aún a costa de comprometer la calidad de imagen en sí. Por que no, resolución no es igual a calidad, tan solo a tamaño, y muchas veces ni tan siquiera este merece el sacrificio.

Aunque Olympus se refiere al segmento de las compactas, donde es aún más evidente que la carrera de los megapíxeles no lleva a ninguna parte y tan solo plantea impedimentos para el consumidor (peso de las imágenes, lentitud de visualizado…), en las réflex bien podrían aplicarse las mismas premisas. No es que los profesionales no demandemos cámaras de mayor resolución, es que estoy bastante seguro de que a la mayoría no nos importaría que se dejase de pisar un poco el acelerador en pos de otras áreas de desarrollo que van desde el rango dinámico hasta la reproducción del detalle pasando evidentemente por una calibración óptima en sensibilidades cada vez mayores. Y eso solo en el sensor, realmente existen mil y un frentes en los que combatir e infinidad de conceptos por redefinir. Algunos ejemplos a seguir son el reducido nivel de ruido de la Nikon D3, la grabación de vídeo HD 1080p de la Canon EOS 5D Mark II, las opciones de recorte de las cámaras con sensor FX de Nikon utilizando ópticas DX aumentando incluso la velocidad de ráfaga como en el caso de la D3X, la estabilización integrada en el cuerpo de Sony (entre otras) o la valentía del sistema micro Cuatro Tércios por reescribir las bases de la fotografía réflex.

PD: He querido acompañar este post de opinión con una imagen en la que recojo las resoluciones relativas de una serie de modelos escogidos al azar. Solo un talibán de los megapíxeles podría dejar escapar el hecho de que los saltos entre algunas de estas resoluciones son realmente ínfimos y es que, sin entrar en las evidentes diferencias entre cada cámara y el segmento al que van destinadas, los 15.1 megapíxeles de la Canon EOS 50D apenas si aportan una mejora significativa sobre los 12.1 de la Nikon D3. Del mismo modo, los 24.6 de la Sony A900 pierden interés cuando se comparan con los 21.1 de la 5D Mark II. En la ficha técnica y como argumentos de venta lucen mucho pero a la hora de la verdad, comparando el tamaño de un archivo respecto al del otro, las diferencias de resolución en estos pequeños saltos se esfuma como el humo.