Judith Cohen no oculta el hecho de que si su hermana siguiese viva Leibovitz probablemente no se encontraría en las mismas circunstancias financieras. “Susan era realmente prudente (…) No no era una derrochadora. Pienso que le habría aconsejado a Annie que no hiciese algunas cosas, como lo de Greenwich Village.”

Leibovitz compró dos casas adosadas de estilo neoclásico en 2002 y empezó a remodelarlas para convertirlas en una única residencia. Inicialmente, su intención era hacer algo sencillo y se llegó a poner un presupuesto límite de 500.000 dólares, ninguna barbaridad teniendo en cuenta que entre ambas sumaban más de 2.500 metros cuadrados. Se esforzaba por controlar los gastos, pero con forme pasaba el tiempo iba añadiendo nuevos y costosos elementos al diseño, como transformar el sótano de metro y medio de altura en una nueva planta en la que pudiese estar. El presupuesto engordó en consecuencia.

El 11 de Octubre de 2002, Kellum estaba ocupado coordinando la primera fiesta de cumpleaños de Sarah, prevista para el día siguiente en Rhinebeck. Los planes incluían un pequeño zoo y la actuaciones de las cantantes Dan Zanes y Rosanne Cash. Leibovitz estaba disgustada por que el tiempo había anunciado lluvia y no quería que 300 invitados cubiertos de barro anduviesen por el edificio. Esa misma tarde, el teléfono de Kellum empezó a sonar. Al otro lado, Mark Zeff, el arquitecto del proyecto de Greenwich Village, le informaba con pánico en su voz, que algo había sucedido en la obra.

Su equipo había pasado días excavando debajo de la casa para construir la nueva planta. El terreno sobre el que se asentaba el edificio había estado bajo el agua hasta 1820, cuando lo que antes había formado parte del río Hudson se convirtió en terreno edificable la oeste de la calle Hudson. En mitad de la excavación, el muro que la propiedad de Leibovitz compartía con el 311 de la calle se hundió dejando un enorme agujero. Los coches de bomberos rodearon la zona y los trabajadores de Ed se apresuraron a localizar y reparar una fuga en la canalización del gas. El seguro cubrió la mayor parte de los daños pero la familia de al lado, cuya casa estaba peligrosamente afectada, demandó a Leibovitz. Al año siguiente, ambas partes llegaron a un acuerdo y la fotógrafa les compró su casa por 1.87 millones de dólares.

Aunque la suma era grande, a todas luces podríamos pensar que Leibovitz sería capaz de hacerle frente sin problemas, pero este no fue el caso. La fotógrafa no ganaba tanto como la gente pensaba. ¿Los 5 millones anuales de Condé Nast? Según una persona cercana a Leibovitz, el mencionando “contrato de por vida” es pura ficción. De hecho, una copia del contrato de la fotógrafa que salió recientemente a la luz durante su último juicio indica que la cantidad es de 2 millones al año, y tan solo hasta el 2011. Los 250.000 dólares diarios por sus trabajos publicitarios también parecen haber sido exagerados. “No es ni la mitad de eso”, comentó una fuente con conocimiento directo de las finanzas de Leibovitz.

Leibovitz nunca ha estado particularmente interesada en acumular fortuna. A pesar de cobrar 100.000 dólares por un retrato (un negocio que hizo rico a Andy Warhol), la gente hace cola por ella, según su antiguo galerista, James Danziger. Sin embargo, algunos obstáculos tienen a ahuyentar a potenciales clientes. Leibovitz podría rechazar el trabajo, o tardar años en tener un hueco libre, y siempre ha sido conocida por cancelar una cita en el último minuto para hacer un encargo urgente de Condé Nast. En 1990, la galerista Mary Boone le pagó a Leibovitz 197.000 dólares por retratar a cinco artistas que ella representaba. Por diversas razones, Leibovitz realizó solo cuatro de los cinco retratos pero le prometió a Boone que a cambio fotografiaría a su sobrino de cinco años Max. Leibovitz hizo el trabajo en 2003, trece años e infinitos aplazamientos después. Boone la demandó aunque un jurado desestimó la demanda debido a que su contrato había prescrito a los seis años.

Leibovitz tampoco se comporta como si el dinero que consiguió en el mercado del arte hubiese merecido la pena. Edwynn Houk, su galerista hasta el pasado año, no tuvo problemas en vender sus imágenes pero la fotógrafa nunca encontraba un hueco para firmar las copias. Un comprador puede pagar una fortuna pero no quiere esperar dos años para recoger su fotografía. “Es un misterio el por qué le llevaba tanto tiempo.”, dice Houk acerca de la pila de fotografías coleccionando polvo en su estudio. Un antiguo socio añade, “Pienso que había un elemento de satisfacción, pensando que todo el mundo entendería que ella estaba demasiado ocupada reuniéndose con Oprah por aquí o Tom Cruise por allá.”

Quería que su vida fuese como un reportaje de revista

La fotógrafa también había adquirido un nivel de vida extraordinariamente caro y difícil de mantener. No se trata solo de las hipotecas de sus caras. Es el Range Rover, los viajes a Paris, el chef y la ama de llaves, el jardinero, el instructor personal de yoga, el que le cuida las plantas de la terraza y una niñera viviendo permanentemente con sus hijas. Solo hay un hombre que Leibovitz considera cualificado para trabajar con cualquier cosa que esté relacionada con el aire acondicionado o las cañerías y vive en Vermont. “Ella quería que su vida fuese como el reportaje de una revista”, afirma Kellum. “Todo precioso, nada fuera de lugar. Ella buscaba que todo fuese perfecto.”

Leibovitz también es famosa por la generosidad que gasta con su familia. “Si entraba en una librería con mi hermana me asustaba ni tan siquiera mirar un libro” revelaba Paula, la hermana pequeña de Leibovitz. “Con tan solo mirarlo ella ya se volvía para comprarlo para mi”. Cuando a Marilyn Leibovitz le diagnosticaron un cáncer terminal en 2007, Leibovitz le alquiló una casa junto al mar para que pudiese escuchar las olas igual que cuando eran pequeñas y veraneaban en la costa de Jersey.

Es imposible contabilizar todos los gastos de Leibovitz, pero claramente superó con creces su límite. Una persona cercana a Leibovitz teoriza que ella se identifica demasiado con las personalidades que retrata. “Los fotógrafos no son atletas profesionales, músicos famosos o supermodelos (…) Comparada con el 99% del mundo ella gana una fortuna pero los problemas comienzan cuando una persona empieza a pensar que se encuentra al mismo nivel financiero que Oprah o Madonna.”

En 2004, aún sin dinero suficiente para pagar 1.87 millones de dólares por la casa dañada de Greenwich Village, Leibovitz solicitó un préstamo puente (NdT: Imagino que se trata de una especie crédito personal), un instrumento financiero a corto plazo con un un alto interés. Con este prestamo pretendía agarrarse a una cuerda mientras lograba vender algunas de sus propiedades, cosa que comenzó a hacer inmediatamente. Ese mismo año vendió su estudio de 26th Street por unos 11.4 millones; en 2005, hizo lo mismo con el ático del London Terrace. Estas ventas debieron generar millones en beneficios pero siguieron sin ser suficiente para sacarla de los números rojos. Leibovitz, como tantos otros estadounidenses durante los años del boom inmobiliario, fue contratando préstamos adicionales, amontonando unos sobre otros. Antes de vender su estudio fotográfico, solicitó otros 3.5 millones que se sumaron a los 2.1 millones originales. La hipoteca inicial de la propiedad en Rhinebeck fue de 1.8 millones así que en cierto momento se encontró con 11 millones de dólares en hipotecas. El año pasado, la cifra ascendía a unos 15 millones así que, asumiendo que tuviera un interés fijo del 5% a 30 años, seguía necesitando 1 millón de dólares al año solo para hacer frente al pago de las hipotecas.

Pero los problemas no terminan aquí. Leibovitz también tiene problemas fiscales. La IRS (NdT: la agencia del Gobierno de los EE.UU. encargada de la recaudación de impuestos) emprendió acciones contra la fotógrafa por impago de 1.9 millones en concepto de impuestos por sus propiedades en 2005 y 2006. Sin contar con que también descuidó el pago de más de 92.000 dólares en 2005 en tasas de Rhinebeck.

A finales de 2006, Leibovitz necesitaba dinero desesperadamente y probablemente no era capaz de obtenerlo mediante las vías tradicionales. Su única alternativa era encontrar a alguien dispuesto a prestarle aún más. Un poco después, conseguía dos préstamos más por valor de 7.25 millones de una entidad llamada Rhinebeck Properties LLC, cuya dirección coincide con la de los cuarteles generales de Condé Nast en Times Square. Hacía tiempo que circulaban rumores acerca de que la compañía ofrecía préstamos a bajo interés a sus altos ejecutivos y por aquel entonces aún tenían las arcas llenas. El especial de Vogue de 754 páginas publicado en Septiembre amenazó con paralizar el correo aéreo en todas partes. La portada mostraba una foto de Leibovitz en la que Kirsten Dunst aparecía como María Antonieta. Leibovitz estaba demasiado ocupada para ver cualquier ironía en el hecho de que para conseguir su toma tuviese que volar junto a sus asistentes (y un nutrido equipo que documentó todo en vídeo) hasta Versalles, el lugar donde la reina consorte de Francia encontró su fin.

El equipo financiero de Leibovitz estuvo formado durante bastante tiempo por su agente, Jimmy Moffat, cofundador de la agencia Art + Commerce, y su contable, Rick Kantor. Kantor prefirió no hacer ningún comentario pero Moffat afirmó que ambos trataron de reducir el gasto desenfrenado de la fotógrafa. La casa de Greenwich Village, señala, fue supuestamente un intento de hacerlo. El plan era vender el piso del London Terrace y su estudio, y comprar una casa donde pudiese vivir y trabajar. “Ya fuese mala planificación o mala suerte, no funcionó del modo que quería.”

Art Capital, empeorando la situación

En 2007, Leibovitz decide reorganizar su gestión financiera. Despide a Kantor y lo reemplaza por Kenneth Starr, una especie de contable famoso que había trabajado para Wesley Snipes y Sylvester Stallone. En 2008, aún buscando nuevos sitios de los que sacar dinero, Starr le habla de una compañía llamada Art Capital, fundada por un empresario de New York llamado Ian Peck con Baird Ryan como copropietario. Hijo de un exitoso comerciante de arte, Peck creó durante el boom de los punto com una fugaz web conocida como FineArtLease.com, en la que alquilaba cuadros a clientes corporativos. Fundada en 1999, Art Capital realiza préstamos a corto plazo (seis meses o un año normalmente) con unos intereses relativamente altos, utilizando obras de arte y antigüedades como garantía. Para aquellos que tienen la mayoría de sus activos en este tipo de valores, especialmente propietarios de galerías o marchantes de arte, esto constituye un servicio muy preciado ya que los bancos son reacios a realizar préstamos utilizando obras de arte como aval a causa de lo rápido que cambian de valor. Art Capital sin embargo concede préstamos de hasta el 50% del valor aportado y considerando que las tasaciones se hacen con frecuencia en casa, los préstamos pueden obtenerse muy rápidamente, a menudo en cuestión de días.

Mientras, los acreedores empezaban a llamar a las puertas de la fotógrafa y las deudas se le acumulaban. Zeff Design, la empresa responsable de la reforma de Greenwich Village le envió facturas de 51.000 dólares durante cinco años y finalmente la demandó en 2008. Antiguamente, Leibovitz habría enviado a Condé Nast o a algún cliente publicitario a cubrir los gastos pero ahora no era tan sencillo. Brent Langton, un especialista en iluminación, demandó a Leibovitz por deberle más de 221.000 dólares en el alquiler de equipos entre 2006 y 2007. La agencia que representa a la estilista de vestuario Nicoletta Santoro, también la demandó por 385.000 dólares. Según una persona familiarizada con la situación, después de que Leibovitz fuese incapaz de pagar cientos de miles de dólares a la compañía de retoque y postproducción Box Studios, estos empezaron a insistir en facturarle directamente a Condé Nast.

En Junio de 2007, Leibovitz organizó una reunión con Edwynn Houk y anunció que quería empezar a vender copias de sus fotos de forma agresiva. Houk había vendido alguno de sus retratos de músicos famosos como Iggy Pop y Johnny Cash por unos 4.500 y 5.500 dólares, pero Leibovitz necesitaba recaudar mucho más. Juntos decidieron crear un Master Set, una selección de 200 de sus imágenes más famosas impresas a gran tamaño (1×1,5 metros) limitadas a siete copias y vendidas por 25.000 dólares cada una. El valor total del conjunto podría llegar a los 35 millones de dólares.

Aproximadamente un año más tarde, después presentar las primeras copias del Master Set en París, Houk recibe una llamada de uno de los asistentes Leibovitz informándole que después de trabajar juntos durante un década había dejado de ser su galerista. A mediados de Septiembre de 2008, la casa de subastas Phillips de Pury & Company anuncia con orgullo que es la nueva representante de Leibovitz y que el 23 de Octubre presentarían 24 imágenes del Master Set en su galería de Londres. El precio de cada impresión había pasado a ser de 33.000 dólares.

Cuando la fotógrafa firmó con Phillips de Pury, estos no conocían un dato crítico, revelado por primera vez el pasado 24 de Febrero en el artículo de portada del New York Times. La historia destapó los dos prestamos por valor de 15,5 millones (la cifra real resultó ser aún mayor, 24 millones) que Leibovitz había pedido a Art Capital. El mismo mes Phillips de Pury anunciaba su alianza, esta se vino a bajo. Leibovitz había empeñado al menos parte de los derechos sobre su trabajo como garantía para los préstamos. En un acuerdo alcanzado varios meses más tarde, Art Capital aparece convertida en la única entidad autorizada para vender sus fotos. Leibovitz había dejado a Phillips de Pury para regresar con James Danziger; presumiblemente Leibovitz y Danziger todavía creían que tenían o podían recuperar los derechos de venta.

El crédito que le concedió Art Capital eliminó de manera eficaz las principales deudas pendientes de Leibovitz, incluyendo las hipotecas. Se desconoce el tipo de interés pero lo que sí se sabe es que el plazo de devolución es de tan solo un año. Esto significa que Leibovitz ha de conseguir 24 millones de dólares, más intereses, para el mes que viene. Bajo los términos del acuerdo, Art Capital podría tener derecho a un máximo del 22,5% de los ingresos generados por la venta de cualquier trabajo de Leibovitz, incluso dos años después de haber pagado su préstamo. Y ese porcentaje podría aumentar a cerca del 50% si no se anda con cuidado. Potencialmente, Art Capital puede tener derecho a sus propiedades e incluso a su catálogo fotográfico pasado, presente y futuro. “Lo tienen todo”, comenta el veterano abogado inmobiliario Howard Brickner sacudiendo la cabeza mientras examina los registros públicos del préstamo.

¿Cuales son las posibilidades de que salde sus deudas?

Goldman Sachs, que ayudó a financiar el préstamo, parece querer distanciarse de Art Capital y apoyar a Leibovitz. “Estamos profundamente preocupados por los últimos acontecimientos relacionados con Annie Leibovitz y Art Capital”, declaró la portavoz de Goldman, Andrea Raphael. “Goldman Sachs es propietario de una parte del préstamo suscrito por un afiliado a Art Capital y Annie Leibovitz, pero no tenemos nada que ver con la disputa por el acuerdo de venta entre ambos. Hemos propuesto a Art Capital que rescinda el actual acuerdo con sus afiliados para que podamos trabajar directamente con la Sra. Leibovitz y ayudarla a resolver sus necesidades de financiación.”

Leibovitz ha comentado que no comprende las ramificaciones del acuerdo que firmó. No mostró el contrato a ningún miembro de su familia o a su agente antes de firmarlo, y tampoco contrató a su propio abogado para que revisase el documento. En su lugar confió en el abogado que Starr le facilitó. “Confía en mí”, dice su hermana Paula. “Ella pensó que se trataba simplemente de un préstamo. Ese artículo del New York Times fue tan noticia para ella como para el resto”.

“La Sra. Leibovitz y su pequeño ejército de abogados y asesores financieros entendieron los términos del acuerdo”, insiste Montieth Illingworth, portavoz de Art Capital. “Lo discutimos explícitamente con ella varias veces durante varios meses. La Sra. Leibovitz firmó con su nombre cinco veces en diferentes documentos durante la transacción. Decir lo contrario no es creíble”.

“Annie está trabajando para resolver la situación, así que sería inadecuado hacer ningún comentario”, responde el portavoz de Leibovitz, Mateo Hiltzik.

Art Capital ha tratado a sus clientes agresivamente en el pasado. En 2003, la empresa prestó 1,5 millones de dólares a una joven y rica viuda llamada Melanie Gill (que había heredado una gran colección de muebles dignos de museo) para poder comprar un hotel y spa en Nueva Orleans. Cuando Gill no cumplió con uno de los pagos, Art Capital consignó sus antigüedades a Christie’s para que las subastase y precintó y vendió su apartamento.

Las posibilidades de Leibovitz para escapar de sus deudas parecen escasas. En cierto momento, Samuel Newhouse podría haberse ofrecido a rescatarla, pero Condè Nast no pasa por su mejor momento dentro del actual clima económico así que es difícil imaginar cómo iba a poder cubrir más que tan solo una porción de la deuda de Leibovitz.

Sin embargo, podría haber aparecido un posible caballero blanco: Getty Images, el líder mundial en creación y distribución de imágenes. Durante años, Getty había perseguido sin éxito a Leibovitz. En Enero, Art Capital hizo una aproximación a la agencia para ver si estaban interesados en adquirir los derechos del archivo de la fotógrafa, ahora que ellos afirmaban poseerlos. Querían unos 50 millones de dólares, pero Getty tan solo ofreció 15. La operación no llegó a ningún lado.

El 19 de Marzo, Getty anunció que había entrado en negociaciones con Leibovitz. El acuerdo, alcanzado con Orchard Represents, la división de Getty dedicada a la representación de fotógrafos, empezó por asignarle a Leibovitz ocho encargos por 1,1 millones de dólares.

Tras el comunicado de prensa de Marzo realizado por Getty, los representantes de Art Capital empezaron a llamar a Leibovitz repetidamente para programar un encuentro en Greenwich Village para que un agente inmobiliario pudiese inspeccionar su propiedad. Al mes siguiente, en Abril, Art Capital demanda por incumplimiento de contrato y fraude a Getty, alegando que la compañía había utilizado su relación para alcanzar un acuerdo con Leibovitz. Tres mese más tarde, Art Capital demanda también a la propia fotógrafa por ignorar los términos de su préstamos impidiendo a Art Capital acceder a su casa. Ambos casos siguen aún pendientes, aunque en el de Getty, el juez ha desestimado alguno de los cargos.

Pase lo que pase, es obvio que la vida de Leibovitz nunca va a volver a ser igual. Paula Leibovitz piensa que ha llegado el momento de que su hermana empiece desde cero. “Como californiana, he estado intentando que se traslade aquí”, dice. “Sigo diciéndole que todo el mundo es muy agradable en California.”

Esta es una traducción más o menos concienzuda del extenso artículo How Could This Happen to Annie Leibovitz? publicado hace unos días por el New York Magazine. Aquí tenéis la primera parte.

Epílogo, por Miguel Michán

En momentos como este es sencillo limitarse a hacer leña del árbol caído. En los comentarios de artículos como el del New York Magazine, foros u otros medios en los que se hicieron eco de la noticia original de New York Times, hay opiniones para todos los gustos, desde los que apoyan incondicionalmente a la fotógrafa por el mero hecho de ser una celebridad, a los que ven su oportunidad para atacarla desquitándose por el éxito ajeno. Ni tanto, ni tan calvo.

Todos podemos equivocarnos y todos tenemos derecho a la oportunidad de empezar de nuevo. Como dijo el editor de Vanity Fair, Graydon Carter, “la mente que crea estas fotos extraordinarias no es necesariamente la de un administrador monetario perfecto” y aunque algunos pongan en duda el talento de Leibovitz escudándose en que si ellos contasen con los mismos medios obtendrían los mismos resultados, para llegar a tener esos medios primero hay de llegar hasta arriba sin ellos.

Para mi al menos, resulta evidente que Art Capital está acosando a la fotógrafa actuando de mala fe al querer hacer valer unos derechos que bajo ningún concepto deberían tener hasta que no se cumpliese el plazo propuesto. Pero claro, aquí no hablamos de fotografía, ni de arte, estamos hablando de un negocio multimillonario del que todos quieren sacar tajada (unos con más disimulo -Getty- y otros sin escrúpulos -Art Capital-). Las deudas hay que pagarlas, te hayas codeado con el star system o no, pero de ahí a echar la soga al cuello y tirar a traición hay un largo trecho.